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domingo, 3 de diciembre de 2017

Políticas, propiedad y uso de la tierra y el agua en las llanuras argentinas durante la segunda mitad del siglo XIX. Un análisis de la historiografía del siglo XXI


Publicado en:

LA HISTORIA ARGENTINA EN PERSPECTIVA LOCAL Y REGIONAL. Nuevas miradas para viejos problemas. Tomo 1.
Susana Bandieri y Sandra Fernánadez (coordinadoras)
Editorial TESEO
Buenos Aires, 2017.
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Guillermo Banzato y María Cecilia Rossi


1. INTRODUCCIÓN
Este capítulo trata sobre los estudios en torno a la ocupación y entrega de tierras fiscales, la formación del mercado de tierra, el uso del agua como recurso natural para el desarrollo de producciones, las entregas de tierras a los indios y la instalación de colonias, en un recorte espacial que los ubica como estudios de las llanuras enmarcadas entre las dos grandes “fronteras interiores” del territorio nacional a mediados del siglo XIX ((Bartolomé, 2005)[1]: por el sur la frontera del Río IV para Córdoba y del río Salado para Buenos Aires y por el nor-oeste la frontera chaqueña comprendiendo Santiago del Estero y Santa Fe, que como expansiones de aquel mundo colonial que terminadas sus posibilidades de relación con el norte potosino, se mueve hacia sus llanuras. En tal sentido la mesopotamia santiagueña, Santa Fe, el Sur de Córdoba y Buenos Aires ingresan cómodamente en esta construcción territorial. El recorte temporal abarca la segunda mitad del siglo XIX cuando el corrimiento de las fronteras por la ocupación de tierras se convirtió en un proceso imparable.
Concentramos nuestra atención en las producciones de este siglo que, con el respaldo que dió la renovación historiográfica a partir de los 1980s y en interesantes articulaciones entre la Historia, la Antropología, la Economía, enmarcadas en la Historia Agraria, están desarrollando un notorio incremento de los estudios y las publicaciones con fructíferos análisis transversales. Estos estudios, si bien han tenido mayor concentración en el área bonaerense, han avanzado mucho para distintas regiones del país, aunque todavía quedan importantes espacios en los que aplicar estas metodologías de trabajo para explicar el impacto de la vinculación regional al desarrollo capitalista durante el siglo XIX. En estos años se revisitaron conceptos y categorías analíticas largamente utilizados y se incorporaron espacios que tradicionalmente no se habían considerado, para luego articularlos comparativamente en escalas que superaran lo micro y permitieran miradas regionales más amplias y enriquecedoras.

REDEFINIENDO LAS FRONTERAS Y LAS FORMAS DE OCUPACIÓN DE LAS TIERRAS DEL ANTIGUO COPO EN SANTIAGO DEL ESTERO (DESDE EL SIGLO XVI A MEDIADOS DEL XIX)




MARÍA CECILIA ROSSI** mcrhecker@gmail.com 
GUILLERMO BANZATO** gbanzato@fahce.unlp.edu.ar 

1. Introducción
El antiguo Matará y el antiguo Copo son las dos grandes divisiones de la provincia de Santiago del Estero a partir del eje vertebrador del río Salado del Norte. Los estudios exhaustivos que realizáramos sobre el primero, nos permiten ahora pensar ambos espacios como un solo territorio que atravesó diferentes procesos con respecto al reparto de las tierras pertenecientes a antiguas comunidades del Chaco, por parte de las autoridades imperiales primero y el Estado independiente después.
Sin dudas, el estudio del impacto de la ocupación y reparto legal de tierras en el largo plazo es un insumo necesario (aunque no suficiente, claro) para comprender la situación de marginalidad de estas regiones en el sistema imperial y luego con la incorporación al capitalismo en los siglos del periodo independiente. El éxodo permanente e inmemorial de habitantes de Santiago del Estero tiene una parte de sus raíces en esa conformación territorial desigual, que hasta fines del siglo XIX se expresó en las estancias ganaderas (Rossi y Banzato, 2013) y la persistencia de la recolección como complemento para las familias campesinas (Taboada, 2013 / Farberman, 2006), luego se avanzó sobre el monte hasta devastarlo (Girbal, 1982; Tasso, 2007; Di Lullo, 1937-1999) y hoy tiene su más alta expresión en el despojo violento a los campesinos en pos del avance de los agronegocios (Aranda, 2011a y b; Paz y Jara, 2014). La misma delimitación de la línea que separa a las provincias de Salta y Santiago del Estero fue acordada en época reciente, durante la última dictadura militar,[1] y debió ser reafirmada en 2007 ante la falta y el corrimiento de mojones,[2] indicativo de un uso y abuso ancestral del territorio al que el Estado parece llegar siempre tarde.
Un estado del arte de alcance nacional sobre la ocupación del espacio y la entrega de tierras desde la colonia a fines del siglo XIX es una empresa que necesita de un equipo de investigación y un libro entero. Vamos a limitarnos, entonces, al territorio de Santiago del Estero, con algunas referencias al Gran Chaco, comprendido por el este de Tucumán y Salta, Santiago del Estero, Chaco, Formosa y el norte santafesino (Girbal-Blacha, 2014: 195).
Los trabajos sobre el período prehispánico en Santiago del Estero definieron un patrón de asentamiento a lo largo de los ríos, cuyos cambios determinaron las posibilidades de sobrevivencia, representadas por la utilización de montículos para protegerse de las inundaciones y de pozos en el lecho para buscar agua en épocas de sequía; las unidades familiares no excedían los 5 o 6 miembros, cuya economía se basaba en la siembra de maíz complementada con recolección de semillas, caza y pesca. Se ha encontrado también una incipiente división del trabajo a partir del tejido y la alfarería (Lorandi y Lovera, 1972) y la persistencia de la recolección se ha documentado desde el período prehispánico hasta el avance de la destrucción del monte chaqueño  (Palomeque, 2000 y 2005 / Cione y Lorandi, 1972 y 1979 /Farberman, 2006). Durante la conquista, los pueblos de indios que se institucionalizaron con las Ordenanzas de Alfaro sobrevivieron hasta después de la independencia, especialmente en Matará, debido a una serie de estrategias entre las que se han estudiado el matrimonio, la migración, la integración a los mercados y los cambios en los sistemas de autoridad (Olañeta, 2013 / Farberman, 2008 y 2011/ Rossi, 2008).
En cuanto al tema de la ocupación hispanocriolla del territorio, Andrés Figueroa (1924-1933) comenzó a dar cuenta de la ocupación del territorio a partir de las mercedes reales y los sucesivos traspasos dominiales, de la formación de los “antiguos pueblos de indios” y de las “reducciones” del territorio saladino. Ricardo Ríos (1947) publicó un completo estudio, aunque no exhaustivo, del traspaso de tierras públicas desde 1856, acusando directamente a los gobiernos de no haber cuidado el patrimonio provincia; se concentró en las grandes enajenaciones de tierras fiscales en los períodos 1856-1914 y 1936 en adelante, entendiendo que fueron realizadas por gobernantes que terminaron resultando los grandes beneficiarios del proceso -o sectores allegados-, que no fueron pobladas como era la condición impuesta, que se desconocieron las leyes que regulaban su entrega y que, luego de la tala del bosque, dejó enormes latifundios improductivos atentatorios contra el desarrollo de la producción y el comercio provincial y el asentamiento de la población rural. Hemos detallado para el Antiguo Matará todas las transferencias del estado provincial a particulares, la conformación del mercado de tierras local y su inserción en el mercado nacional, dando cuenta del proceso de ocupación, la estructura agraria que dio lugar a las elites provinciales santiagueñas durante el siglo XIX y la entrega final del territorio lindero al Chaco a los más grandes latifundistas del país en la última parte del siglo (Rossi y Banzato, 2013).[3]
En este trabajo sobre el territorio fronterizo del río Salado del Norte al que llamamos "el Antiguo Copo", aspiramos a realizar las primeras reflexiones en torno a las formas y los modos de apropiación, tenencia, uso y transferencia de la tierra de antiguas comunidades y luego entre privados, entendiéndolos sincrónicamente en la evolución histórica desde la fundación de la ciudad de Esteco, en 1560 hasta mediados del siglo XIX. Pretendemos generar conocimientos que profundicen los debates reabiertos en los últimos años en el contexto latinoamericano y particularmente a partir de los trabajos que venimos realizando desde el año 2006 con los proyectos “Tierra y Sociedad en Santiago del Estero. La frontera del Salado del Norte, 1851-1930” y “Transformaciones económicas y formaciones sociales emergentes. El antiguo Matará, 1850-1902”, que fueron plasmados en Rossi  y Banzato (2013).

martes, 19 de septiembre de 2017


GRANADERAS
(de: Granaderos Bicentenario)

No fueron muchas. Apenas un par, durante la Guerra de Independencia.
La más famosa fue la "Pancha" Hernández, esposa del Sargento de Granaderos Dionisio Hernández.
No quiso quedarse en la casa, mientras su varón partía hacia la guerra. Le rogó, le imploró, le suplicó al General San Martín que la dejara acompañar a su Dionisio. Y tanto lloró e insistió, que la dejaron ir. Y allá partió la Pancha, hacia el Perú.
Pero la Pancha no era solamente la compañera del Dionisio. Era una Granadera también. De montar, llevar sable al cinto, y manejar la lanza con maestría. Así se la vio peleando de igual a igual junto al Dionisio en muchas batallas y combates. Hasta aquel día de Moquegua, de enero de 1823, en el que su compañero fue herido en batalla de gravedad. La historia nos dice que la Pancha, lo sacó al Dionisio del fragor del combate y lo cargó por interminables arenales, hasta llegar al puerto de Ilo y salvarle la vida...
Hoy vuelve a haber Granaderas en el RGC, que se ponen el Uniforme Histórico Nacional de Granadero a Caballo y demuestran que su amor a la Patria es igual que al de cualquier varón. Porque no es fácil estar montada arriba de uno de los caballitos criollos del Escuadrón "Riobamba". Porque para poder hacerlo, hay horas y horas de práctica. Hay horas y horas de cuidado del animal. Horas y horas de trabajo dedicado, duro y sacrificado. Nadie va a realizar tu trabajo si no lo haces vos.
En la foto Oficial del Facebook del Regimiento de Granaderos a Caballo "General San Martín", vemos a la Granadera del Escuadrón "Riobamba", María Escalada, portando montada una de las lanzas que distinguen al escuadrón. Y en el extremo, ondeando altiva una bandera celeste y blanca.

Nota. Foto del amigo Carlos Ravazzani.

sábado, 15 de julio de 2017

15 de julio de 1789-Nace Enrique Martínez, otro Granadero olvidado


Se unió al Ejército de los Andes en el regimiento dirigido por Miguel Estanislao Soler, para después asumir el mando de un regimiento y ser ascendido al grado de coronel. Hizo la campaña de José de San Martín a Chile y obtuvo la victoria en el Combate de Guardia Vieja. A órdenes de Juan Gregorio de Las Heras luchó en las batallas de Chacabuco, Curapaligüe, Gavilán, Talcahuano, Cancha Rayada y Maipú.
Al comenzar el año 1820, con el ejército listo para comenzar la campaña de liberación de Perú, San Martín recibió la noticia de la caída del Directorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Por ello reunió a sus oficiales en Rancagua, donde les presentó su renuncia como comandante y les pidió que le nombraran un reemplazante. Martínez encabezó la negativa, argumentando que el mando de San Martín le había sido otorgado por el pueblo, lo que fue confirmado por todos los oficiales en el acta de Rancagua. Legitimado de ese modo tan extraño, San Martín comenzó casi inmediatamente la campaña del Perú.
Luchó en el asalto al Callao y en la defensa de Lima. En 1822 fue gobernador de la provincia de Trujillo, y poco después ascendió al grado de general.
Quedó al mando del ejército de Lima cuando el general Rudecindo Alvarado dirigió la campaña "de Puertos intermedios".
En su vejez escribió sus Memorias, y colaboró con Bartolomé Mitre en su Historia de San Martín. Su hijo, el general Julián Martínez, fue ministro de guerra en 1866, pero murió antes que su padre. Murió en noviembre de 1870 en una estancia de la provincia de Córdoba.

(fuente: Granderos Bicentenario)

viernes, 14 de julio de 2017

13 de julio de 1862- Inauguración de la estatua ecuestre del General San Martín en Buenos Aires



El 13 de Julio de 1862, se inaugura en Buenos Aires, en la antiguamente denominada “Plaza de Marte”, la estatua ecuestre del general San Martín, acto en el cual el Presidente Mitre pronunció un magnífico discurso cuyo comienzo dice:

“Al fin, señores, después de larga y tenebrosa noche de ingratitud y de olvido la gloria de San Martín se ha levantado como una estrella del cielo americano. La República del Perú, la primera que decretó en vida una estatua, ha glorificado dignamente su memoria y ha atendido generosamente a sus descendientes”.

El general Benito Nazar, Guerrero de la Independencia, tuvo el comando en jefe de las tropas que rindieron los honores decretados al Gran Capitán y junto con los cuerpos de línea lucían sus entorchados los veteranos Guerreros de la Independencia”


(fuente: Granaderos bicentenario)

14 de julio de 1795 Nace Angel Pacheco, Granadero de San Martín


Formó parte del Regimiento de Granaderos a Caballo y del Ejército de los Andes. Más tarde participó en la batalla de Chacabuco y en la campaña de Talcahuano. Peleó en Cancha Rayada y en Maipú. Participó en la campaña del Sud de Chile. Peleó en Ituzaingó y peleó en la campaña al desierto que encabezó Juan Manuel de Rosas en la década de 1830. Formó parte del Ejército Confederado que invadió Córdoba a fin de acabar con el poder del general José María Paz. En 1850 fue diputado a la Legislatura de Buenos Aires.
Murió en Buenos Aires el 28 de septiembre de 1869.
(Fuente: Granaderos Bicentenario)

sábado, 1 de julio de 2017

La importancia de la Historiografía en la enseñanza de la Historia


Reseña del libro de 
Miralles Martínez, P., Molina Puche, S. y Ortuño Molina, J. (2011)

La importancia de la Historiografía en la enseñanza de la historia



Los autores, profesores de Didáctica de las Ciencias Sociales en la Universidad de Murcia, proponen con este libro una obra arriesgada y necesaria. Arriesgada porque quiere trasladar a las aulas el valor de las corrientes historiográficas, y necesaria ya que la historiografía siempre ha quedado en un segundo plano tanto en los currículos universitarios como en enseñanzas medias. Partiendo de un exhaustivo conocimiento de la disciplina histórica y otras ciencias sociales que, desde su nacimiento en el siglo XIX, han influido en su desarrollo (sociología, antropología, filosofía, geografía) los autores analizan las principales tendencias historiográficas y sus posibles aplicaciones prácticas en ESO y Bachillerato. 

En esencia el libro demuestra que el conocimiento de los diferentes métodos científicos aplicados a la historia puede contribuir a un mejor conocimiento de la misma. Así pues, en la introducción se plantean cuáles han sido las claves de la enseñanza de la historia, tradicionalmente marcada por el positivismo (historia político-factual) o bien el materialismo histórico (análisis socioeconómico). Para llegar al momento actual, en el que predomina una visión ecléctica, que a las dos tendencias citadas suma la influencia de Annales y la “nueva historia”. El resultado es una visión mayoritariamente acrítica y desideologizada, que deriva de la visión posmoderna y el fin de los grandes paradigmas: caída del bloque soviético, crisis de Occidente, relativización. 

Las tres partes que forman el texto van de lo teórico a lo práctico, es decir desde el método histórico, su evolución a lo largo de los siglos XIX, XX e inicios del XXI, para terminar con una propuesta de unidad didáctica sobre la historiografía. La primera parte versa sobre la construcción de la ciencia histórica, que viene definida por la subjetividad. Según Braudel, “la historia es hija de su tiempo”, de ahí que sea una construcción social cambiante, es decir el historiador enfoca el pasado influenciado por sus propias vivencias y contexto. Pero ello no le niega legitimidad ni cientificidad, de hecho lo erige en mediador crítico entre el pasado y el presente. La misión del historiador no es alcanzar la verdad absoluta, sino verdades parciales que ayuden a sobrellevar la incertidumbre sobre el pasado, el presente y el futuro. Por tanto es lógico –y positivo– que un mismo acontecimiento sea estudiado de forma diferente por investigadores coetáneos. 

En la segunda parte del libro, los autores hacen un repaso de la historiografía y la didáctica de la historia. La relación que proponen es acertada, pues los modelos de interpretación de las grandes escuelas históricas han repercutido en la forma en que se enseña historia en los diversos niveles educativos. El hecho de que a día de hoy predomine una historia descriptiva, de corte esencialmente político, se explica por la orfandad de grandes paradigmas historiográficos, puestos en duda desde finales del siglo XX, a raíz de los grandes cambios del mundo actual. En cualquier caso, desde que la historia surge como disciplina científica en el siglo XIX, emancipándose de la filosofía, todas las grandes escuelas han hecho aportaciones valiosas que forman un rico bagaje para el historiador, que posee la suficiente perspectiva para advertir también las carencias de cada una de ellas. Desde el historicismo y el positivismo decimonónico hasta la nueva historia, pasando por el marxismo y las diversas generaciones de Annales, todas las corrientes de la historiografía muestran tensiones entre individuo y sociedad, según se empleen escalas micro o macro, así como el estudio de períodos de corta, media o larga duración. Una de las grandes aportaciones de Miralles, Molina y Ortuño radica en señalar varias vertientes de la “nueva historia” que pueden ser de utilidad para plantear la enseñanza de la misma en colegios e institutos. En concreto, aluden a la historia de la familia, la historia oral, la historia de las mujeres y la historia local. Las cuatro aportan herramientas de aplicación práctica dentro y fuera del aula, sirviendo para que el alumno encuentre en la historia una disciplina viva y dinámica, relacionada con su entorno más íntimo, a partir de actividades relacionadas con la familia, la localidad y el tiempo presente. 

La tercera parte es una propuesta de unidad didáctica para 2.º curso de Bachillerato, denominada “Enseñar historiografía”. El objetivo es mostrar al alumnado que la historia es una ciencia, y que no se limita a clases magistrales y memorización. Para ello, partiendo de las corrientes de la nueva historia antes citadas, se proponen unos ejercicios de iniciación. La pretensión es que el alumno debata, favoreciendo el respeto a la diversidad cultural e ideológica, al conocer las condiciones de vida y de trabajo de sus antepasados cercanos (padres, abuelos) y los cambios y permanencias que de ellos se pueden deducir.

El libro acaba con un anexo de materiales de trabajo. En ningún momento se niega la subjetividad del conocimiento histó- rico, pero esa premisa permite definir las pautas esenciales de la metodología del historiador como algo riguroso, abierto al cambio y en permanente reelaboración. El objetivo último del libro es que los alumnos reconozcan en la historia una ciencia porque es útil para ellos y para la sociedad, a partir del pensamiento crítico y la interacción con sus compañeros, profesores, familiares y vecinos. De ahí el uso de ejercicios sencillos que parten del método inductivo, de lo particular a lo general, para que el alumno no relacione la historia solo con personajes y eventos lejanos a su entorno. Ahora bien, lo particular tampoco es el fin en sí mismo, sino el medio para comprender mejor lo universal. En definitiva, un libro de didáctica, pero también de historia que combina ambas líneas de estudio con una intención práctica: dotar de una herramienta de trabajo al docente y sus estudiantes. 


RAIMUNDO A. RODRÍGUEZ PÉREZ Universidad de Murcia